U.S. flag

Un sitio oficial del Gobierno de Estados Unidos

Saltar encabezado


Reflexiones sobre identidad y diversidad en el Mes de la Herencia Hispana (parte 4)

Written by:

Capítulo 4

Esta publicación es parte de una serie de reflexiones personales (blogs) sobre el Mes de la Herencia Hispana. Para leer la reflexión anterior en esta serie, vaya a la siguiente página.

A medida que continué con mi educación, mis puntos de vista sobre mi identidad siguieron evolucionando, pero a un ritmo más acelerado. Al terminar la escuela secundaria (high school), todo lo que sabía era que era mexicanoamericano, además de ser un aspirante a hippie y aspirante a matemático que anhelaba ir a la universidad.

Por no saber cómo era el proceso de matriculación en la universidad, pensaba que podía graduarme en mayo e inscribirme en una universidad en septiembre. A pesar de que me gradué de la escuela secundaria con honores, descubrí por las malas que mi experiencia universitaria empezaría en un colegio comunitario (community college) al igual que muchos de mis excompañeros de la escuela secundaria.

Después de tomar algunos cursos en el colegio comunitario de San Antonio, me cambié a la Universidad Trinity de San Antonio y obtuve allí un título de licenciatura universitaria en Matemáticas. Durante mis estudios de licenciatura, a principios de la década de 1970, el panorama activista latino en San Antonio estaba floreciendo. El Partido Nacional de La Raza Unida consiguió ganar algo de popularidad. Tuve la oportunidad de conocer a algunas de las principales figuras locales de ese partido, incluyendo poetas, músicos, politólogos, activistas y muchos otros. Ellos estaban dedicados a edificar la influencia política y la participación cívica entre los mexicoamericanos en San Antonio y otras partes de Texas. Rápidamente acepté ser chicano, mestizo: ¡yo era parte de la Raza! Curiosamente, el hecho de que yo solamente hablaba inglés no parecía importarle a este grupo. Lo que le importaba era ayudar a su comunidad.

Sin embargo, mi exposición a ese ambiente o entorno social terminó tan rápido como empezó cuando decidí asistir a la facultad de posgrado en una tierra muy, pero muy lejana: El estado de Míchigan. Hasta ese momento en mi vida nunca había viajado más allá del norte de Dallas. El siguiente trayecto de mi recorrido de identidad comenzó en 1976, en el Departamento de Estadísticas de la Universidad de Míchigan, Ann Arbor.

Solo pude asistir gracias a una beca universitaria para estudiantes de minorías y, más tarde, gracias a una beca de la Fundación Ford para estudiantes de grupos minoritarios. El apoyo de las becas en Míchigan infundió aún más en mí la obligación de “devolver el favor”. Ese fue uno de los valores que primero adquirí a través de la docena de años de la educación parroquial y que he adoptado hasta la actualidad.
 


Durante estos años, mi esposa y yo nos hemos unido a otros estudiantes graduados de Míchigan para formar una red de apoyo para nuevos estudiantes latinos. También nos unimos a grupos de estudiantes latinos, entre ellos, un ballet folclórico y la Asociación para Estudios Críticos Sociales.

Después, gracias a un investigador académico latino llamado Carlos Arce, pude asegurar una posición como ayudante de investigación en la famosa Sección de muestreo del Survey Research Center (Centro de Investigación con Encuestas). Mi primera muestra en ese centro fue la Encuesta Nacional sobre la Población Chicana en 1977, la primera encuesta nacional de probabilidad de área de las personas con ascendencia mexicana. Con esta experiencia conocí a muchos académicos mexicanoamericanos, incluyendo algunas leyendas como Marta Tienda, Leo Estrada y Gil Cárdenas. ¡Mi orgullo en mi herencia hispana se disparó!

No obstante, también afronté el lado oscuro de ser un hablante latino monolingüe de inglés. En más de una ocasión, durante mis viajes para el centro de investigación, otros latinos –algunos de ellos personas prominentes– claramente me menospreciaban por no ser bilingüe. Escuchen, yo era un joven de veintipocos años y confieso que me dolió. Me dolió mucho.

Sin embargo, al igual que ese niño que regresaba al nopal para sacar otra areola y estudiarla, yo estaba tan emocionado de formar parte de este estudio pionero que permanecí enfocado en mi pasión por las estadísticas y por ayudar a las personas. Seguí adelante, aprendí y la pasé bien. Decidí que yo era la única persona que conocía mi identidad y elegí serlo todo: hispano, latino, mexicanoamericano, chicano, mestizo, incluso mexicano. Y si a alguien no le gustaba, no era mi problema. El problema era de él o de ella.

Si les gustó mi recorrido de identidad hasta ahora, pienso que les gustará el capítulo final de mi búsqueda de identidad, que me trajo a la Oficina del Censo de los EE. UU. en el 2022. Quédense, ¡no se vayan!

Top

Regresar al encabezado