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Reflexiones sobre identidad y diversidad en el Mes de la Herencia Hispana (parte 3)

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Capítulo 3

Esta publicación es parte de una serie de reflexiones personales (blogs) sobre el  Mes de la Herencia Hispana. Para leer la reflexión anterior en esta serie, valla a la siguiente página.

En la publicación anterior de este blog compartí con ustedes cómo, cuando era niño, la historia y el idioma de mi familia comenzaron a moldear mi identidad, y cómo factores ambientales – específicamente la educación primaria contribuyó a que me convirtiera en una persona monolingüe. 

Esta semana quiero reflexionar sobre mi recorrido de identidad como un joven latino a través de otros lentes: los lentes de los medios de comunicación. La siguiente foto con mi hermana, cuando yo tenía aproximadamente cuatro años ilustra bien este concepto. 


Hay dos cosas que quiero señalar. En primer lugar, que obviamente me olvidé de ponerme pantalones. Recuerdo con claridad cuando era niño lo emocionado que estaba de simplemente estar vivo. Saltaba de la cama y salía corriendo descalzo para jugar, a veces sin ponerme una camiseta.

En segundo lugar, fíjense bien en la camiseta que llevaba puesta. Es una camiseta de Davy Crockett – el mismo Davy Crockett que ayudó a quitarles Texas a mis antepasados mexicanos. Me gustaba tanto esa camiseta que no me importaba que tuviera un agujero gigante en el frente. Me estuve poniendo la camiseta hasta que se convirtió en un trapo. ¿Por qué? Debido a la nueva tecnología de la época: la televisión.

Como tercera generación de inmigrantes creciendo a mediados de la época de 1950 y la época de 1960, pudimos tener los recursos suficientes para comprar un televisor en blanco y negro. Veíamos programas como The Adventures of Ozzie and Harriet, Lassie, The Andy Griffith Show, The Rifleman y, sí, la series Davy Crockett. (¡La canción todavía me resuena en los oídos!). Esos programas, y casi toda la programación de la televisión de ese entonces, difundían puntos de vista y estilos de vida que no eran latinos. Cuando empezaron a aparecer actores latinos, como en el programa I Love Lucy (Yo amo a Lucy), eran un poco estereotípicos; la manera en que se representaban era incluso peor en otros programas. Ahora sabemos lo que no sabíamos en ese entonces: exponerse a los medios de comunicación puede afectar cómo pensamos sobre la vida.

Así que en algunos de los años más formativos de mi vida me presentan como un "niño con llave", que llegaba a casa de la escuela y me sentaba solo frente al televisor hasta que llegaban mis padres, lo cual era una dosis constante de televisión por un periodo de tiempo bien extenso. Piensen sobre eso.

Para el tiempo que me gradué de la escuela secundaria (high school) en 1972, yo sabía que era mexicoamericano y me identificaba como tal. No obstante, al estar expuesto a la programación de la cultura dominante de la televisión nacional, estaba muy claro para mí que en realidad la sociedad no valoraba a los mexicoamericanos, los afroamericanos, los asiáticoamericanos ni a ninguna otra minoría racial-étnica ni su cultura.

Esta situación se reafirmó en varias ocasiones a medida que iba creciendo cuando enfrente discriminación flagrante en tiendas, parques, piscinas públicas y otros lugares. No puedo dejar de mencionar que la ciudad de San Antonio se encontraba (y aún se encuentra hasta cierto punto) segregada por medios raciales, étnicos y de ingresos.

Ahora bien, al terminar la escuela secundaria, todo lo que sabía era que era mexicoamericano, era un aspirante a hippie/flower child, y que anhelaba ardientemente ir a la universidad y aprender matemáticas. Nunca me imaginé que mi educación superior daría lugar a la siguiente etapa de mi recorrido de identidad como latino. Me atrevo a decir que fue transformador. Lean la próxima publicación de este blog para ver lo que provocó una metamorfosis de identidad. Quédense, ¡no se vayan!

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